Como una chispa en un reguero de pólvora, está llegando a todos el corto animado candidato al Oscar, "The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore". Exquisito, impecable y emocionante. Llega en el momento en el que muchos (me incluyo) estamos meditando el salto al Ebook por cuestiones de peso, volumen aceptable en nuestras viviendas, precios, etc. Aunque lo de los precios merece un capítulo aparte, dado que aún no son tan baratos como prometía su tecnología.
El corto me obligó a retroceder sobre mis pasos. Ya no lo tengo tan claro. Es irremediable, lo sé, pero tengo mis dudas.
Una noche de copas, mi amigo Fernando y yo nos preguntábamos qué sería de tantos marcapáginas existentes en este mundo. En ese momento tenía uno traído de Turquía, una tela bordada con palabras del Corán. Qué regalarían los niños en los días de la madre o el padre ¿Una funda para el aparatito, tal vez?
También nos preguntamos sobre esa costumbre pudorosa de envolver los libros en papel de periódico cuando no queremos que nadie sepa lo que estamos leyendo. Por vergüenza la mayoría de las veces, si estamos leyendo una novela rosa, un best seller, un libro de autoayuda o Mein Kampf (los libros sobre sexo se leen directamente en casa, solos o acompañados). O sobre la costumbre de la gente moderna de combinar unas gafas de pasta con El Extranjero o La Extinción (las chicas combinan colores estridentesy anillos artesanales con El varón Domado).
Un libro nos identifica.
Un tema preocupante es que no sólo son libros, también pululan los libros multimedia: escuchar música, jugar al solitario, navegar por internet... y poco a poco agregarán recibir llamadas y hasta un calendario menstrual. Lo de apartarte a un rincón secreto para tumbarte a leer ya no será posible. Y mientras intentas seguir el ataúd de la madre de los gemelos en El Dios de las Pequeñas Cosas, te estarán interrumpiendo con las actualizaciones del facebook. Basta: un libro merece respeto.
Un libro nos concentra.
Y sé que es una mala costumbre y que me han dicho muchas veces que eso no se hace niña mala, pero yo suelo prestar con soltura los libros que amo. He perdido varias veces el mismo ejemplar con esta práctica. Me la juego a doble o nada que si encuentro a alguien en medio de la nada a quien le vendría muy bien leer, por ejemplo, Los Lanzallamas, le dejo ahí mismito el ebook, su cargador y su gamuza para limpiar la pantalla. Y sabemos que cuando dejas un ebook estás dejando quichicientos ejemplares en una tarjeta de memoria. Pasaré a perder no sólo lo que presto, sino también lo que va con él. Por lo tanto deberé evitar ese impulso y el placer de descubrirle a los amigos un autor. Cosa que me anuda la garganta, para ser sincera.
Porque un libro se comparte.
Motivos de peso se contrarrestan con argumentos en contra. Vale que se talan menos árboles para la fabricación de papel, pero se esclavizan más africanos en esas minas infrahumanas de las que extraen el mineral de los chips. Vale que son más livianos, pero si te quedas sin batería lejos de la civilización no tienes ni un libro ni tres mil (¿dónde quedará eso de llevarse un libro a una isla desierta?). Vale que entra la mismísima biblioteca de Alejandría en su memoria. Pero si apenas te lees un par de libros por año (la media de España), suponiendo que vivas hasta los ochenta y comiences desde los ocho, sólo leerás en tu vida ciento cuarenta y cuatro libros.
Además, mejor un buen libro de vez en cuando que tres mil que nunca lees.
Con todo, esta pataleta ya huele a melancolía. Es irremediable, Mr Smith.
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7 de febrero de 2012
22 de noviembre de 2011
Catulo ¡Por Júpiter!
Luego de una griega resaca electoral (porque más de uno recibió por el culo), en medio de las protestas posmodernas y la alegría provinciana, es bueno regresar a los clásicos. Mucho más si la última aventura de biblioteca resultó un fiasco feminista.
Y en medio de mensajes discretos y tácticas de evasión insertadas en trajes sospechosamente grises, apago la televisión y enarbolo esos versos que llevan casi dos mil años con nosotros:
"os daré por el culo y me la mamaréis,
mamón de Aurelio y marica de Fario"
Por Júpiter, qué tiempos en donde los poetas elegían la verdad sin mengua para escandalizar ¡Qué tiempos! Donde se decía del político de turno, por muy general de las Galias que fuere:
Indiferencia
No me preocupa demasiado, César, querer agradarte,
ni saber si eres blanco o negro
(blanco o negro, una traducción del griego "activo o pasivo")
Y donde las mujeres que intrigaban por vanidad se nombraban en el poema como "vulgares putillas" ¿Donde estaba lo políticamente correcto? Un hombre clásico de la Roma aún republicana, ¿comprendería tal término? Supongo que se encogería de hombros y haría un poema sobre los pedos de su enemigo. Así se sencillo. Así de sincero.
Pero no se asusten. El poeta también tiene un momento cálido cuando regresa su mirada sobre el amor:
"y nunca me sentiría satisfecho,
ni aunque la cosecha de nuestros besos,
fuera más rica que una de espigas africanas"
Versos de amor tanto para su amada Lesbia como para su jovencito Juvencio. No importaba el sexo, el amor lo era todo y no tenía definición aséptica.
Es un libro pequeño, se lee en un día y del tirón. Fue escrito hace miles de años y permanece vigente por el humor, la desfachatez y hasta la vulgaridad bien utilizada. Recomendable cuando el espíritu patalea y necesita escapar de tanta hipocresía audiovisual.
16 de noviembre de 2011
De la A a la Z: Antología de Cuentistas Madrileñas
Seleccionado en la Biblioteca Municipal "La Chata".
Irregular y despareja antología. Dividieron el libro en tres partes. Siglo XIX, primera mitad del Siglo XX, segunda mitad del Siglo XX.
Por supuesto, las dos primeras partes son difíciles de leer hasta el final, dada la tendencia de aquellas mujeres a reflejar una moraleja y un llamado a la virtud en todas sus líneas. Los comienzos hoy en día prohibitivos ("despertó aquella mañana", "lo recuerdo como si fuera ayer", etc) están presentes. Y la atmósfera es escasa, ya sea un paseo por la campiña al atardecer o los jardines de una mansión al amanecer.
La tercera parte es más ágil. Pero le falta contundencia. Nunca sabemos exactamente qué nos están contando. Y los finales se diluyen en el misterio ilógico. Más que preguntas lo que nos dejan son dudas de si haber empezado a leer fue una buena idea. Y los microrrelatos son más haikus y metáforas poéticas que relatos en si (y se editó en el 2006, ya teníamos buenas microrrelatoras entonces)
Hay tres prólogos, uno por cada edición (¿tanta gente compró este libro?), escritos por el Doctor Roger Salazar. Por lo visto es especialista en terapias familiares y da cursos en California.
La selección corrió por cuenta de Isabel Díez Ménguez. Filóloga y especialista en literatura que antes de esta antología colaboró con el "Catálogo de la Biblioteca del Instituto Homeopático y Hospital de San José de Madrid" (en prensa)
Irregular y despareja antología. Dividieron el libro en tres partes. Siglo XIX, primera mitad del Siglo XX, segunda mitad del Siglo XX.
Por supuesto, las dos primeras partes son difíciles de leer hasta el final, dada la tendencia de aquellas mujeres a reflejar una moraleja y un llamado a la virtud en todas sus líneas. Los comienzos hoy en día prohibitivos ("despertó aquella mañana", "lo recuerdo como si fuera ayer", etc) están presentes. Y la atmósfera es escasa, ya sea un paseo por la campiña al atardecer o los jardines de una mansión al amanecer.
La tercera parte es más ágil. Pero le falta contundencia. Nunca sabemos exactamente qué nos están contando. Y los finales se diluyen en el misterio ilógico. Más que preguntas lo que nos dejan son dudas de si haber empezado a leer fue una buena idea. Y los microrrelatos son más haikus y metáforas poéticas que relatos en si (y se editó en el 2006, ya teníamos buenas microrrelatoras entonces)
Hay tres prólogos, uno por cada edición (¿tanta gente compró este libro?), escritos por el Doctor Roger Salazar. Por lo visto es especialista en terapias familiares y da cursos en California.
La selección corrió por cuenta de Isabel Díez Ménguez. Filóloga y especialista en literatura que antes de esta antología colaboró con el "Catálogo de la Biblioteca del Instituto Homeopático y Hospital de San José de Madrid" (en prensa)
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