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24 de noviembre de 2011

Sinceramente

No voy a ser ese desmemoriado poeta


Tampoco el proletario modelo

Ni es prescindible

Porque no tengo categoría

De moza entrada en carnes

Ni en la que pasa hambre a pesar

De la sonrisa extraviada

No soy

ni quiero ser

la broma

Que se clava en las costillas de nadie

Aunque lo piensen

No quiero ser el amante virtuoso

Que desentraña marcas ilegibles

Porque no quiero ser el golpe

Que amenaza con derrocarme

Ni soy ese clavo en la pared

De los zapatos del errante

No quiero ser un gato esperando el desarme

No quiero ser un cuerpo pasado de moda

Ni el estertor al abrigo de las cuchillas

Que afeminan el semblante

No quiero ser ese corazón que sobrevive

No quiero ser la muchacha que arremete

Cantando premios de osadía

No quiero

Quiero ser yo.

16 de noviembre de 2011

Comunidad

Viene mi vecina de abajo a decirme que mi vecina de arriba padece una gotera mía. Le intento explicar que en todo caso debería ser mi vecina de abajo, ella, quien sufriera una gotera mía. Ella dice que no, gracias, que lo que ella sufre es el ruido de mi lavadora que le indica 7.5 en la escala de Ritcher y que se le mueven los cimientos de la casa. Insiste con la gotera. Le explico que llevamos cinco meses en el edificio y que la vecina de arriba nunca ha venido a contarme que el agua de una pérdida se acumula y sube un piso. Y de paso, que la lavadora hace ruido cuando centrifuga, como todas, y que evitaré ponerla en las siestas de los domingos. Si mi marido me ayuda a no joderme la ciática, pondremos algo a la lavadora debajo para que no sacuda los suelos, que son los techos de la vecina de abajo. La vecina de abajo se retira indignada y desafiando a las leyes de la gravedad.
¿Quién tiene la pérdida?